Escucha a uno de los grandes maestros del humor, en este altavoz hablamos con Julio Victorio De Rissio, más conocido como con el Doctor Tangalanga.
Barack Obama comenzará su mandato con una economía derretida. Alemania ha presentado un segundo paquete de auxilio con resultado incierto, mientras avanza en la nacionalización de su sistema bancario. Gran Bretaña enfrenta la recesión más fuerte de la posguerra con bancos quebrados que transfieren gran parte de su capital a manos del Estado. El resto de Europa ha ingresado en un territorio desconocido por la extensión del deterioro global y más cerca de la guerra del gas que de la paz de la recuperación. Japón registra una caída de proporciones de su economía y el resto de Asia intenta eludir cifras negativas del Producto. En casi el 60 por ciento de la economía mundial la pérdida de puestos de trabajo se está dando a una velocidad impresionante, que dispara las tasas de desempleo a niveles impensados. En ese contexto dramático de la economía mundial, con líderes de naciones que supuestamente son los mejores mostrando una sorprendente improvisación e impericia, el riesgo mayor para la Argentina no se encuentra en los efectos inmediatos de ese desplome. Aunque el discurso dominante, cerrado y colonizado, insista con la gravedad de que el país no sea parte de ese mundo ideal que no existe, la desconexión forzada por el default, la posterior renegociación audaz de la deuda y el divorcio con el FMI ha sido un factor clave para no estar recibiendo todas las esquirlas del desmoronamiento del Muro de Wall Street. Sin embargo, uno de los frentes más inquietante para la economía doméstica está más cerca. Se encuentra en el modelo celebrado por el sistema financiero internacional y el grupo de economistas de la city especialistas en el error: Brasil.
Por esa natural autodefensa de ocultar las propias debilidades y sus propios negocios, todos aquellos que durante los últimos años han mostrado al modelo brasileño como ejemplo a imitar están callando sus graves problemas. El seguimiento detallado de esta crisis muestra a las elogiadas autoridades económicas del gobierno de Lula corriendo detrás de los acontecimientos sin poder tomar la iniciativa para frenar la sangría financiera y su impacto en la economía real, con pérdidas de miles de puestos de trabajo. Esto tiene su origen en esa idea de ser “amigable” con el mercado, que implica brindar el marco para el movimiento libre de flujos de capitales especulativos y condiciones de bicicletas atractivas con tasas de interés muy altas. Ese esquema que entusiasma a los financistas resulta un potente factor perturbador de la economía real.
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